Maneras de viajar. “Viajes” por Julio Cortázar

¡Hola, viajeros!

Permitidnos hablar hoy de Julio Cortázar. El autor de la inigualable Rayuela encontró en el cuento el medio perfecto para explorar nuevos cauces de expresión, para introducir lo fantástico en el ambiente cotidiano, para reivindicar el humor y el carácter lúdico de la literatura. En 1962 publica Historias de cronopios y de famas, un librito que recoge una serie de textos a medio camino entre el cuento y el poema en prosa. Consta de cuatro partes: Manual de instrucciones, Ocupaciones raras, Material plástico e Historias de cronopios y de famas. Igual a alguno le suenan las “Instrucciones para dar cuerda al reloj”, que se utilizó hace tiempo en un anuncio: “Cuando te regalan un reloj […] No te regalan un reloj, tú eres el regalado”…

Viajes, Julio Cortázar

“Viajes”, de Julio Cortázar

Pero no queremos hoy hablar de relojes, sino de viajes. La última y cuarta parte del libro está dedicada a esos seres misteriosos: cronopios, famas (y también esperanzas) que Julio Cortázar definió en la mítica entrevista del programa de Joaquín Soler Serrano, A fondo.  A través de textos muy breves vamos conociendo las tristezas y alegrías de los cronopios (que tienen la conducta del poeta), las costumbres de los famas (gente formal, que defiende un orden) y en general diversas cotidianidades de unos, de otros, y de las esperanzas (personajes intermedios). Y en concreto, conocemos a través del texto “Viajes” sus maneras de viajar:

VIAJES

Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.

Terminadas estas diligencias, los viajeros se reunen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de “Alegría de los famas”.

Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: “La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad”. Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.

Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.

El organizado. El despreocupado. El perezoso. En realidad, tipos viajeros perfectamente reconocibles, solo que expresados con el inconfundible estilo del grandísimo Cronopio. Y vosotros, ¿qué tipo de viajero sois? Para nosotros, desde luego, la de dejarse viajar por las cosas y los hombres nunca fue una opción.

¡Saludos viajeros!

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