Diario de viaje “La Vieja Europa” 2. Postojna, Ljubljana, Bled.

¡Hola, viajeros!

De nuevo estamos por aquí con la segunda entrega de nuestro diario de viaje por La Vieja Europa. Como recordaréis, en la primera entrada nos despedíamos desde el hotel de Opatija donde pasamos la segunda noche. Es aquí donde da comienzo la tercera jornada, aunque por poco tiempo permaneceríamos en Croacia: tras el desayuno, nos encaminamos hacia Eslovenia, nuestro país de acogida en los próximos dos días.

Nuestro objetivo de la mañana era la Cueva de Postojna, en el sureste del país. Los recovecos de esta cueva de origen kárstico están abiertos para viajeros y curiosos desde el siglo XIX, y aunque en un principio solo se podían recorrer unos 300 metros de galerías, hoy se pueden transitar más de 20 kilómetros. Por eso, al llegar cogimos un trenecito que recorre galerías y túneles pasando por salones de los que cuelgan incluso lámparas de araña con cristales de murano. La sensación en Postojna es la de sumergirse en el centro de la tierra… Tras el recorrido en tren, seguimos la visita a pie. El suelo tiene sedimentos de materiales como hierro, que le aporta un color rojizo; o pedregal, que lo colorea de negro. Hay zonas en las que el suelo no tiene más que calcita, y entonces las estalactitas y estalagmitas adquieren una tonalidad blanca como el nácar. También, poniendo imaginación, podemos advertir las figuras que el paso del tiempo ha ido tallando en la piedra, y entonces adivinar una cabeza de tigre, o una torre de Pisa en las profundidades terrestres. Cuando volvimos a la superficie, nos pusimos en marcha y para la hora del almuerzo ya estábamos en el siguiente destino.

Diario de viaje "La Vieja Europa" 2.

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Cueva de Postojna

Ljubljana es elegante y tranquila. Las casas mantienen un mismo estilo al tiempo que son todas diferentes. La ciudad es perfecta para pasear, pues dispone de una gran zona peatonal por la que solo circulan bicicletas y el kavalir, un pequeño bus de ocho plazas, muy silencioso porque es eléctrico (y además, gratuito). Cuenta también con numerosas zonas verdes y las frondosas orillas que adornan el paso del río Ljubljanica a través de la ciudad. Entre sus monumentos más importantes destaca el Ayuntamiento, con su precioso patio gótico. En la misma plaza, se encuentra la Fuente Robba, cuyos tres titanes con tres cántaros representan los tres ríos de la comarca de Ljubljana. La plaza Prešeren es la más grande de la ciudad y está rodeada de edificios de inspiración gótica. En una de sus esquinas se encuentra la estatua del hombre que le da nombre: el poeta romántico France Prešeren. Cuenta su historia que estuvo toda la vida enamorado de Julija, una bella y rica doncella que fue su musa y fuente de inspiración. Por ello, los ljubljanenses colocaron la estatua en este punto de la plaza, en frente de la casa de la que fuera su amada.

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France Prešeren

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Puerta de la catedral

El símbolo de la capital eslovena es el dragón, y el puente de los cuatro dragones alados de bronce es el encargado de recordarlo. Es llamado también el “puente de las suegras” y, según cuentan, cuando una doncella lo cruza uno de los dragones mueve su cola (pero hoy por hoy, reconocen, nadie lo ha visto). La nota dulce del día la puso el chocolate con sal proveniente de las salinas de Eslovenia (¡que tan solo tiene 40 km de costa!).

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Puente de los dragones

La cuarta jornada comenzaba con los ojos puestos en el cielo, pues nos esperaba el lago Bled y amenazaba lluvia. Cuenta la leyenda que las hadas bailaban en una piedra y, cansadas de que animales y humanos rondaran por ella, cubrieron de agua todo su alrededor. Así se formó el lago, y la piedra que lo propició es ahora una iglesia a la que solo se puede acceder en barquita. En su interior, y de nuevo según la tradición, hay que tirar tres veces de la cuerda de la campana para que tu deseo se cumpla. Todo en ese paraje es de cuento: el relato que lo envuelve y la niebla que lo difumina. En la orilla del lago, también hay un castillo en el que se celebran ceremonias. Llovía fino cuando les dimos de comer a los cisnes pero la lluvia ya no resultaba amenazante, sino parte del decorado.

Diario de viaje "La Vieja Europa" 2.

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Lago Bled

Al caer la noche volvíamos a Croacia. Cuando despertamos del cuento esloveno en Zagreb, seguía diluviando. Pero esa ya es otra historia…

¡Saludos desde La Vieja Europa!

 

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